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Artículo sobre sexualidad y búsqueda espiritual

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La sexualidad
¿un problema para el buscador espiritual?

Artículo de Ricardo Daula

Uno de los principales problemas con el que tarde o temprano se encuentra todo buscador espiritual es cómo abordar el tema sexual de modo adecuado. De repente, el buscador de sí mismo se da cuenta de que no puede continuar adelante en su trabajo interior si no soluciona de una manera útil y práctica -como nos plantearemos en esta serie de artículos que hoy se inician- el instinto que empuja a querer poseer el cuerpo de otra persona, en nombre de la atracción física que sentimos hacia él o hacia ella o en nombre de lo que actualmente entendemos por amor.
El instinto sexual conduce a necesitar hacer el amor a quien se desea; a desear introducirse en ella o ser penetrada/o por él, para sentir placer en ambos casos junto a la pareja elegida.

El ser humano actual en su mayoría desea unirse a sus amantes (o a su amante) solamente para satisfacer su deseo de sentir placer rápido del modo que sea. Por otra parte, es una idea extendida hoy en día entre las mujeres y los hombres, sobre todo a partir de los estudios sociológico-sexuales modernos, que el sexo "bien hecho", gratificante, ha de conllevar -tan solo- uno o, a lo más, dos orgasmos más o menos intensos.
Se da todavía mucha importancia al orgasmo humano, demasiada importancia, como vamos a intentar demostrar en esta serie de artículos que iremos publicando aquí, en este foro y en esta sección denominada Tantrayoga. Y no vaya a tachársenos de moralistas a estas alturas de nuestra vida, dedicada, en gran parte, al estudio esotérico de la realidad. Porque no pretendemos exponer que el orgasmo humano sea algo abominable desde el punto de vista del crecimiento interior, o desde la perspectiva del crecimiento espiritual humano. Lo que vamos a desarrollar es todo lo contrario, según los parámetros de la nueva espiritualidad que, a nuestro humilde entender, se avecina sobre el mundo, si no es que ya está aquí (por pura, simple y llana síntesis de lo ya publicado desde diversísimos puntos de vista culturales, y con muchísimo rigor).

Los esoteristas bien versados, los religiosos o creyentes sinceros de todos los credos y creencias con historia u honesta fundación, los hermetistas más serios, los amantes de la vida llamada alternativa o complementaria, los hinduistas y los védicos con Tradición, Línea, Escuela y Maestro, los taoístas, los zénicos o zazénicos, los mahometanos e islamistas no radicales, los budistas sinceros (de corazón) de todos los países, los amantes de la biosofía y de la misticosofía más actual, del yoga en sí mismo en su teoría y hasta en su práctica, los estudiantes y maestros de Tai-Chi y demás técnicas proactivas y energéticas hasta llegar al Vyayam -como técnica/origen de todas las artes marciales-, los cristianos auténticos y hasta los tántrico-cristianos, como lo es quien escribe estas líneas-..., todos los verdaderos buscadores de la verdad de la vida humana saben, fehacientemente, que los hombres en el mundo necesitan comenzar a abordar ya una nueva manera de ser, de vivir, de pensar, de sentir, de relacionarse entre sí y, finalmente, una nueva forma de experimentar el amor sexual, la amistad y la solidaridad.
Ante las sociedades materiales en las que vivimos inmersos, muy pronto los hombres y las mujeres nos deberemos ir decantando por fórmulas espirituales -colectivas, digo-, con tal de ser más felices y vivir mucho mejor sobre nuestra Tierra. Hoy es posible concebirlas. Pongámonos, entre todos, a ello. Y que sea más pronto que tarde, ¿no es cierto?

La Nueva Era -el fin de los tiempos, sí, pero de la ignorancia- en la que nos iremos introduciendo más y más en las próximas décadas, como saben los astrólogos y estudiosos del tema, exige ya nuevos comportamientos a las personas. Un nuevo espíritu ha de ir creciendo más y más en los seres humanos, a medida que nuevos valores y nuevas tomas de conciencia nos sitúen a todos ante ideas que sustituirán a los planteamientos caducos, pertenecientes muy pronto, exactamente cuando entre todos lo queramos, al pasado. Un día las personas -ya se está haciendo en muchas partes- modificaremos nuestra vida actual para ir sustituyéndola por métodos, modos y maneras más sanos y naturales, más espontáneos, sostenibles y transcendentales (con tal de abordar cada cual su propio crecer interior del modo correcto).

Las librerías especializadas en temas esotérico/espirituales están abastecidas actualmente de múltiples textos ciertamente interesantes, desde los que se propone una nueva ternura humana, auténticas definiciones del amor, verdaderos mensajes directos y claros desde múltiples autores, que hablan de lo que llegará a ser el próximo mañana del hombre en la Tierra: un futuro del ser humano como creador de sí mismo.
Nos sabremos relajar, nos sabremos querer individual y colectivamente; nos sabremos situar sobre el mundo, en definitiva, como los seres dotados de espíritu que somos. Y, en ese tiempo que ojalá llegue más pronto que ya tarde -visto lo del actual terrorismo internacional creciente-, lo normal será hallar seres humanos crecidos interiormente, nobles y llenos de amor, en vez de seres ambiciosos, desleales y prácticamente innobles -sobre todo, algunos hombres que pertenecen a un tipo de varón dominante o hiperconcentrado en sí mismo-, Seres humanos que, en esta Nueva Era de Acuario que está ya creciendo, serán sencillos, naturales, serenos, nobles -así lo afirmamos desde el ideal más alto que podemos concebir actualmente-. Y cada cual, sin duda, mantendrá su personalidad, como diferentes manifestaciones de la energía superior/divina (podemos llamarla como queramos) de la que todos somos partes (hijos, si se quiere).
Pero serán las de todos, personalidades, en ese nuevo mundo que está llegando ya, proyectadas más hacia el conocimiento de lo que es La Vida en el Cosmos y sus Leyes, que hacia acciones destructivas de la Naturaleza y de nosotros mismos, como ha llegado a suceder en el pasado y, también, tristemente, como sucede incluso en la actualidad de las democracias adelantadas. Esas acciones son debidas únicamente -desde el punto de vista esotérico-espiritual ya desvelado ampliamente por las editoriales más diversas- al estado de semiinconsciencia o de casi falta de autoconciencia individual y colectiva, en que aún vive la Humanidad. El hombre no es culpable de sí mismo ni de sus errores en el mundo, desde el punto de vista de las Iniciaciones Mayores. Comienza a ser responsable de sí y de sus actos, cuando se inicia correctamente, cuando es iniciado en los más altos conocimientos, siempre referidos al crecer interior y/o espiritual. Esto sólo sucede cuando el hombre inicia un proceso de cambio interior hacia un pensar bien, sentir bien y hablar bien, lo cual origina un proceso de transmutación interna que sitúa al ser humano (a cualquiera que lo intente y lo logre) ante la verdad de la vida, ante la verdadera realidad de estar vivo en el mundo.

El hombre es resultado de su evolución pasada, y esto es inalterable, siendo así como vamos de menos a más en el transcurso de la historia. Y, esto, también en lo referido a nuestro nivel de autoconciencia personal, desde los estados inferiores de conciencia (la conciencia animal) hasta los estados cada vez más superiores de la misma en el proceso hacia el hombre mental, dominador de sus instintos, el cual puede entonces acceder al Gran Conocimiento por medio de las más altas Iniciaciones (para pasar a ser un hombre espiritual). Y, como puede, atraerá entonces hacia sí a su Maestro o a su profesor interior o exterior por Ley de Vibración Hermética, por afinidad espiritual, acaso. Es así como el maestro o el profesor se encuentra con su discípulo o su alumno dondequiera que éste se halle, como está dicho esotéricamente desde el inicio mismo de la Tradición Iniciática Primordial.

En ese tiempo ya próximo, el hombre amará a su pareja, o a sus parejas, de modo diferente a hoy. Aún en nuestros días, el ser humano no logra vivir en toda su plenitud lo que la sexualidad es en realidad. Saben los ocultistas de pensamiento más profundo que todo lo existente sobre la faz del mundo es representación simbólica y significativa de una idea perfecta y superior. Para expresarlo en palabras más asequibles para el ciudadano de a pie y no iniciado en conocimiento esotérico, "lo que existe aquí, tiene su doble ideal allí, en lo etérico -como quinto Elemento-, en lo invisible. Estaríamos introduciéndonos de esta forma en el terreno de los arquetipos de C. G. Jung, incluso podríamos llegara remontarnos al gran mundo de las ideas tal como las concebía Platón, si desarrolláramos lo anterior. Sólo indicar que si se simboliza gestual, corporal o mentalmente una postura ideal, ese símbolo vivo alcanza el ámbito del arquetipo correspondiente, el cual, entonces, se desdobla y otorga sus dones al ser que ha logrado dar en su diana de la forma indicada (posturando idealmente). Y esto vale, igualmente, para la sexualidad humana... Piénsese en ello.

Digamos de modo sencillo que existe la materia porque existe su contrario, el espíritu -todo está formado por pares de opuestos en la realidad esotérica, tal como es ya patente para muchos en sus mentalidades adelantadas-. A su vez, existe la luz porque existe el sol, la fuente que la origina. Así, la sexualidad humana como idea posee su ideal mayor, que es, sin duda, una sexualidad perfecta (arquetípica). El hombre y la mujer alcanzarán poco a poco sus ideales en el mundo. A esto tiende la Humanidad, aunque sea difícil de creer a veces. Pero lo tendremos que ir logrando en base a nuestro propio esfuerzo... Esto es muy importante. Porque por mucho que se conozca ya sobre la Nueva Era de Acuario en la que ya transitamos, si el ser humano no va adecuando su vida a las nuevas formas y maneras que se impongan desde el sentido común de cada cual, no habrá Nueva Era que valga. Por eso proponíamos recientemente, en este mismo Group, que organizáramos entre todos y junto a nuestras amistades una Gran Fiesta por la Paz y la Alegría en Cadaqués. A tanto nos atrevimos, a tanto nos atrevemos, porque creemos firmemente en lo que decimos.

El buscador espiritual llegará hasta este artículo en este Group después de haber comprendido que desea conocer lo transcendente en su vida. Habrá conocido ya, quizá, los secretos del Yoga, de cualquiera de ellos (Hathayoga, Kundaliniyoga, Nidrayoga, Gñanayoga, Rajayoga, Tantrayoga, etcétera), ayudado por un buen maestro o un buen profesor titulado por cualquiera de las asociaciones que hay en todos los países adelantados; habrá intentado actitudes vegetarianas, o hasta las habrá asumido ya completamente (nosotros preferimos la variante ovo-lácteo.vegetariano-macrobiótica); ese buscador al que nos referimos al comenzar el párrafo habrá tal vez leído bastantes obras sobre mundos alternativos o formas diferentes, esotéricas y hasta "mágicas", de concebir la vida, la realidad que a todos nos rodea. El buscador espiritual, si es sincero, se habrá dado cuenta en un determinado instante de que su sexualidad original "ha cambiado" o "tiene que cambiar", si quiere progresar en su senda interior, en su crecimiento interno o espiritual. Y siempre para mejor, claro. No es posible imaginar que hubiera alguien que pretendiera progresar en su búsqueda interior manteniendo activamente (o en su pensamiento) una sexualidad instintiva, siendo así, por ejemplo, que conociera mucho sobre las grandes leyes ocultas de la vida pero que, seguidamente, maltratase a su esposa o intentase seducir a una mujer para engañarla (proponemos estos dos casos, frecuentes en nuestras sociedades actuales, como podríamos haber ofrecido muchos otros sobre lo mismo). Y de lo que se trata, a la vez, es de desmentir a quienes suelen afirmar, con razones más o menos profundas, que una vida espiritual o interior exige un abandono de las actividades sexuales. Porque no es así, salvo que alguien, libremente, decida que para él o para ella sí lo es. Todo en la vida moderna está constituido por actos libres, de tal forma que, hoy, en el mundo moderno actual, quien quiera buscar a Dios de un modo místico lo puede hacer sin problemas, mientras aprenda a mantenerse entretanto, por supuesto. Lo mismo sucede con quien quiera buscarLo (a Dios, el Todo) mundanamente -en su vida cotidiana-.

Y la sexualidad, que tiene su ideal superior como antes expusimos, no ha de ser nunca considerada como algo que detiene, en su caso, los procesos iniciáticos, religiosos o transcendentes... Las sectas claramente destructivas, en este sentido, aprovechándose del auge en occidente del budismo tibetano y la metafísica hinduista, malinterpretando sus líderes -por falta de inteligencia personal y por ambición- las bases de los más grandes conocimientos orientales, equivocan ciertamente a sus adeptos, a sus seguidores, sobre todo cuando controlan o pretenden controlar sus actividades sexuales. Los equivocan en esto y en más en muchas ocasiones, como se sabe. Hay que acercarse a centros que estén homologados o que se hallen directamente relacionados con la Tradición, pertenezcan a la creencia deica que pertenezcan.

El hombre actual está conformado por su personalidad, su pasado cultural, sus tendencias genéticas y, también, por la personal e intransferible sexualidad de cada cual. Él es un todo, un todo inseparable. Su evolución personal ha de desarrollarse, por tanto, integralmente, no por partes. Se crece con armonía y desde la propia voluntad lúcida o no habrá crecimiento interior en ningún caso, sino sometimiento a preceptos y dogmas que pueden ser malentendidos y, desgraciadamente, hasta manipulados por seres sin escrúpulos. Esto deforma el Conocimiento de los grandes Maestros iniciáticos que, transmitido de hombre a hombre, ha sido legado a la Humanidad desde el pasado hacia todos los tiempos.

Nadie que se acerque al crecimiento interior -al crecimiento espiritual- debe renunciar a sí mismo. Porque desapegarse del ego no significa abandonar quien se era o se es para ser otro de repente, un "otro" sometido a leyes y dictámenes nuevos. Abandonar el ego sólo significa observarse a uno mismo -a una misma- y abandonar aquello que no nos enaltece como seres humanos destinados un día a crear a nuestro alrededor bellas sociedades en las que reine la paz, el amor, la armonía y la justicia universal para todo los seres. No significa someterse a alguien que, pongamos por caso, pidiera a una de sus adeptas que, con tal de liberarse, hiciera el amor con toda la comunidad de hombres existentes en su tierra prometida... Ni significa, en otro caso más individual, renunciar para siempre a la propia sexualidad con tal de sentirse cercano a lo transcendente (esto para el que lo quiera). Lo que se hace reprimiendo, tenderá -generalmente- a resurgir violentamente tarde o temprano con la fuerza -exactamente- con la que fue reprimido el deseo. Sin embargo, desde el punto de vista iniciático, sí puede llegar a decirse que quien sabe trabajar la energía que se desprende de su poder sexual (en el sexo está situada en el primero de los siete chakras-centros-de-energía-de-la-columna-vertebral), quien se siente capaz de hacerlo sin represiones internas, sin ansia, acumula un gran poder energético en su interior. De ahí la ciencia del Tantra oriental, que, en su estudio de las actitudes sagradas humanas, propone para la sexualidad del ser humano todo un mundo de sabia sensualidad.

Artículo escrito por Ricardo Daula ricardodaula@hotmail.com

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