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El placer como herramienta para el desarrollo personal

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El deseo como una herramienta de evolución

Muchas tradiciones ven al deseo de todas clases y al deseo sexual en particular, como negativo, como algo que debe ser suprimido.

El deseo es algo ciertamente complejo, puede apderarse de nosotros e interferir con nuestro mejor juicio. En esta sociedad, estamos condicionados por las reglas de nuestro deseos.

Nuevos deseos reemplazan a los que han sido satisfechos. El deseo es un fuerza poderosa que puede motivarnos e inspirarnos. Suprimir los deseos es como suprimir nuestra misma humanidad, lo fundamental de nuestra identidad. Muchas personas pagan un precio elevado por suprimir sus deseos.

Entonces ¿cómo podemos desarrollar un balance y una relación saludable con los deseos?

La aproximación tántrica al deseo erótico que es reconocido como sagrado, provee una respuesta que tiene sus implicaciones más allá del realismo de la sexualidad.

Es tántrico el experimentar el deseo como un estado sagrado. Bhagavan Das piensa que cuando sentimos una carga erótica, podemos sobreponernos y ver a la persona con la que se hace el despertar de la conciencia con reverencia y en unidad mientras se entona un mantra de gratitud cmo si fuera una plegaria, se devociona al otro como un dios -Om Namah Shivayah- o como una diosa -Jai Ma-.

El erotismo crece y se despliega como un recordatorio de que cualquiera es divino y cuando usted puede reconocer esto y decir "Sí, esto es algo Divino" entonces es así porque se siente. Es algo que ilumina y se autovalida, es toda una evidencia energética.

Los beneficios se vuelcan a uno y se puede ser mucho más abierto hacia otros, más confidente y sexy y menos atormentado por las ataduras mentales y de género y hasta de la apariencia física.

La cultura moderna occidental y la cultura norteamericana en particular está impregnada por una gran ambivalencia sobre placer y deseo.

El deseo maneja al marketing y al consumismo con la idea de que lo placentero puede ser hallado en la próxima compra. El placer se esfuma y es reemplazado por otro puesto en una cosa en un ciclo de nunca acabar.

La sexualidad es uno de los lubricantes que mantiene esta rueda en movimiento. Seremos más saludables, felices, más bellos, conseguiremos ser como el hombre o la mujer mostrados en la publicidad cuando compremos el producto.

Por supuesto esta observación no es nueva, pero se repite y está cargada en la mente por el consumismo del sistema por lo que se hace persuasiva y es algo frecuente de encontrar.

Al mismo tiempo, la cultura occidental, ampliamente pero no exclusivamente debido a la influencia del cristianismo, tiende a ver al cuerpo y sus placeres a los sumo con sospecha y algo más vinculado a lo malo.

El marketing de lo relativo a los sexual, en norteamérica es sexo-negativo, la cultura anhedónica que valúa al trabajo por encima de todo lo demás. Mientras muchas sociedades europeas suelen ser más liberales y aceptadoras del placer, el legado de 2000 años de mensajes negativos o el ver el control de la sexualidad y el disfrute se hace dificil de eludir.

¿Donde está la posibilidad de liberarse?

Todos estamos atrapados en el conflicto entre el hedonismo como una herramienta de marketing y la omnipresencia cultural que nos dice que disfrutar nos conduce a la perdición.

Muchas personas pueden sobrerreaccionar y convencerse a si mismas que la auto indulgencia es una forma de resistencia, pero generalmente quedan atrapadas en el ciclo mencionado más arriba. Otros pueden capitular y dejar salir sus deseos de cualquier modo.

El Tantra provee de un sendero brindando claridad de conciencia y con reverencia ante la experiencia del placer. Hace un estudio de lo que nos hace más poderosos sintiendo las vibraciones de la vida dentro nuestro y a nuestro alrededor. Siguiendo el sendero, incluso si estamos algo avergonzados, podemos crear condiciones para funcionar con mayor autonomía.

Nunca podremos liberarnos totalmente de las construcciones culturales que han colaborado a formarnos como somos, pero si vamos teniendo mayor conciencia con nuestras acciones y reconociendo que los constructores culturales no son más que constructores y nos hacemos más comprometidos con lo placentero, deliberada y conscientemente, podremos encontrar formas de salir de la rueda.

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Namasté (Significa: me inclino ante la Divinidad en tí)

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